sábado, 25 de febrero de 2012

El compresor estuvo a punto de ser trasladado a un museo en Italia en 1990

Curiosa historia de la que no tenía conocimiento reveló la revista Rock & Ice, acá la traducción de Desnivel:

El compresor más famoso del mundo

Una historia olvidada sobre el compresor

Rock & Ice narra una polémica historia sucedida en 1990, durante el rodaje de la famosa película Grito de piedra. El plan incluía bajar en helicóptero el famoso compresor de gasolina hasta El Chaltén y posteriormente llevarlo hasta Italia, para que acabara en uno de los museos de montaña de Reinhold Messner, que también participaba en el film.

Según apunta Rock & Ice, en aquella época, el pueblo estaba mucho menos concurrido que ahora. Los habitantes de El Chaltén eran muchos menos que en la actualidad y no hubo protestas de los locales por esa cuestión. Sin embargo, fueron los muchos escaladores que trabajaban para la película quienes se quejaron por ello, así como el jefe de guardas del parque entonces, Adrián Falcone.
Después de cierto debate, el compresor, que había sido izado hasta la cumbre del Cerro Torre, fue devuelto a su lugar en el headwall, donde fue asegurado a la roca mediante cables para que no pudiera ser desplazado de allí fácilmente.
Fuente: Rock & Ice
Traducción: Desnivel

viernes, 24 de febrero de 2012

Relato de la Ascención en libre de la Ruta del Compresor por David Lama

Lejos ya de la controversia que causara años anteriores por la colocación de nuevas chapas en el headwall del Torre, David Lama "limpia" su Cv de la mejor forma, escalando la vía en un estilo alpino impecable, acá su relato:

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Publicado en la página web de su patrocinador principal, Red Bull, esta es la traducción del texto escrito por David Lama, bajo el título Flashback on a Patagonian dream:

2008: Junto con cinco amigos, estoy sentado en un pequeño refugio en el valle de Cochamó, en Chile. Mientras hojeo las páginas de una vieja y arrugada revista de escalada que probablemente ha estado allí durante años, me encuentro con la fotografía del muro superior (headwall) del Cerro Torre. Había visto muchas fotos del Cerro Torre antes, puede que hubiera visto incluso esa foto en particular, pero entonces, por primera vez, vi también la línea. Una línea lógica a través de su impresionante headwall que me parece escalable en libre. Desde ese momento, la visión de escalar en libre esa pared no deja de cruzar por mi mente día tras día.
2012: Es mi tercer año consecutivo aquí en El Chaltén, el pueblo al “final de la carretera”. Hace calor, el viento está calmado y el cielo limpio de nubes. Mirando al headwall del Cerro Torre, veo vetas de agua creadas durante los pasados días de buen tiempo. No había visto nunca el headwall en tan buenas condiciones, nunca antes había confiado tanto en mi objetivo de escalar en libre el Cerro Torre.
Ya el año pasado había llegado hasta la cumbre junto con Peter Ortner, un soberbio alpinista del Tirol oriental. Esta vez, pienso para mí, podría ser el gran año –otra vez Peter está conmigo para apoyar mi objetivo de liberación–. Él está en una gran forma y yo también, el tiempo y las condiciones parecen perfectas; ¡estamos listos!
Peter y yo hacemos las mochilas para el intento. Dos cuerdas dobles, un juego y medio de friends, nueve stoppers, cuatro tornillos de hielo, un par de pitones, cuatro cintas exprés y cinco lazos. Además de eso, llevamos dos sacos de dormir ligeros, un pequeño aislante, un hornillo, un cartucho de gas y un par de barritas. Puede sonar mucho, pero en realidad redujimos el material al mínimo absoluto.



A las tres de la tarde iniciamos nuestro camino hacia las montañas, adelantando a incontables senderistas durante el recorrido. Cinco horas después, llegamos a Nipo Nino, nuestro primer campamento. Como siempre que el tiempo es bueno, hay un puñado de gente allí.
En la parte final del camino hay un grupo de americanos, tres escaladores argentinos acampan más adelante, Peter y yo extendemos nuestros sacos delante del todo. Antes de ir a dormir, hervimos agua, comemos comida de viaje y bebemos algo de café tibio. La alarma suena a las dos de la madrugada. Lo que viene a continuación es rutina: hervir agua, vestirse, comer, beber, llenar las botellas de agua, empaquetar y marchar.



A la luz de nuestros frontales pasamos el campamento de Noruegos y procedemos en dirección a Media Luna. Allí nos ponemos los crampones. Caminando sobre grietas y bajo enormes seracs, aproximamos a la cara este de 1.500 metros del Cerro Torre. Progresamos entonces bien sobre terreno combinado, alcanzando el collado de la Paciencia en unas cuatro horas y media. Allí hacemos un último descanso antes de empezar el intento.
Peter y yo ya habíamos escalado los largos desde el collado hasta la travesía de buriles en numerosas ocasiones. En un intento el año pasado las condiciones eran tan malas que los primeros dos largos casi nos llevaron dos horas. Después de siete horas, nos rendimos y rapelamos. Hoy las condiciones eran buenísimas y sólo nos llevó tres horas de escalada alcanzar la travesía de clavos de Maestri, que cruza hacia la derecha a través de granito liso durante tres largos. No hay manera de escalar en libre esta sección, por lo tanto tuve que buscar una variante más a la izquierda, en la arista sureste.
Al salir desde la última reunión antes del inicio de la travesía de buriles, escalé en línea recta durante unos 20 metros. Allí, encontré dos seguros que Ermanno Salvaterra dejó en 1999 cuando intentaba escalar la vía utilizando los mínimos clavos de Maestri que fuera posible. Los chapé y continué escalando con tendencia hacia la izquierda a lo largo de una estrecha fisura, que lleva hasta el borde del muro desplomado. Puse mi pie izquierdo bien arriba y apreté mi cuerpo hacia la cara sur.



Esta sección es muy expuesta, mirando hacia abajo no veía nada más que 1.000 metros de roca vertical. Escalé otros pocos metros y entonces chapé una de mis cuerdas a un clavo, antes de que la escalada se conviertiera en realmente difícil. Escalo unos movimientos más, antes de tener una caída.
Lo intenté de nuevo, esta vez escalando directamente sobre la arista. Conseguí escalar un poco más que antes, pero otra vez terminé cayendo. Mientras empiezo a dudar de si esa sección es incluso escalable en libre, lo intento otra vez. ¿Qué otra cosa puedo hacer si no intentarlo? No hay otro camino.
De nuevo, consigo alcanzar un par de centímetros más pero una vez más termino colgando de la cuerda. En mi siguiente intento, finalmente soy capaz de escalar la sección y colocar un friend unos ocho metros más arriba. El resto del largo hasta la siguiente reunión es bastante fácil.
Peter me baja y, después de unos minutos de pausa, le doy un segundo pegue. Tengo que escalar este largo sin caer para ser capaz de progresar en mi intento de escalada en libre. Otra vez escalo hasta los dos seguros, resigo la estrecha fisura, pongo el pie izquierdo alto y apreto mi cuerpo contra la cara sur. Gestiono los ocho difíciles metros en la arista hasta el friend y continúo hasta alcanzar la reunión. Esta vez, he sido capaz de hacerlo sin caer.
Peter me sigue, izándose por la cuerda hasta que también llega a la reunión. Los siguientes largos hasta las Torres Heladas son bastante fáciles y progresamos rápidamente. Antes del anochecer nos da tiempo incluso a elegir una pequeña repisa en el hielo para sentarnos. Este es el lugar en el que vamos a vivaquear.
Nos preparamos para una fría noche, nos metemos dentro de nuestros sacos y nos sentamos en nuestro pequeño aislante. Entonces hervimos un poco de agua y resulta que nuestro cartucho de gas se está agotando. Para poder hervir agua por la mañana nos abstenemos de cenar.
Después de una larga noche, nos ponemos en marcha alrededor de las seis de la mañana. Alternamos la escalada de primero a través de las Torres Heladas y alrededor de las nueve de la mañana estamos al inicio del headwall. Me quito los crampones, así como las botas y los calcetines. Lo meto todo en mi mochila y me pongo los pies de gato.
Pongo todos mis friends, stoppers y clavos en el arnés antes de empezar a escalar el muro final. El primer largo no es demasiado difícil, pero las grandes lajas sueltas convierten la escalada en algo bastante exigente. El segundo largo está mojado, las lajas sueltas son incluso mayores y la escalada más difícil. En el tercer largo, tengo que escalar con cuidado alrededor de un gran trozo de hielo, que podría caer directamente sobre Peter si se me ocurre tocarlo.
Hasta este punto, seguimos la línea de Maestri en el muro final. Un par de días atrás, había un montón de buriles hasta este punto, pero ahora me veo obligado a colocar material durante la escalada, ya que Jason y Hayden han borrado las huellas de Maestri.
Ahora empiezo a escalar en terreno nuevo. Primero, unos cuantos metros directamente hacia arriba y, después de emplazar un cuestionable stopper, cruzo a la derecha y coloco un clavo. Los próximos metros son realmente exigentes. Otra vez escalo en lajas huecas –esperando que resistan- y asciendo hasta un punto en el que puedo colocar dos sólidos friends para hacer reunión.
El último largo: escalo cinco metros hacia arriba, coloco dos sólidos friends y chapo una de mis cuerdas a ellos. Entonces realizo una larga travesía a la derecha sobre pequeñas regletas y agujeros. Diez metros después, consigo colocar otro friend y chapar mi otra cuerda a él. Me encuentro ahora en el sistema de fisuras que debería llevarme hasta la cumbre.
Sin ser capaz de colocar ninguna pieza de confianza, continúo escalando. Hasta unos pocos metros bajo el campo de hielo, aproximadamente 20 metros por encima de mi último sólido friend, no soy capaz de conectar dos stoppers, un clavo y un friend como mi último seguro. Confiando en mi sensación de que no voy a caer escaló los últimos metros en la nieve.
Es un sentimiento extraño. Durante tres años, el objetivo de escalar en libre el Cerro Torre ha formado parte de mí. Ahora he sido finalmente capaz de quitármelo de encima. He alcanzado mi objetivo. Pero haciéndolo, el objetivo ya no existe; sólo los recuerdos permanecen.
Peter y yo escalamos el hongo de hielo, la verdadera cumbre del Cerro Torre, y empezamos a rapelar. Ya en nuestro camino desde Nipo Nino hacia El Chaltén, hablamos acerca de nuevos proyectos, y definimos nuevos objetivos para poder crear futuros recuerdos.
Fuente: RedBull.com
Traducción: Desnivel.com

miércoles, 15 de febrero de 2012

La Travesía de los Hongos

La Travesía de los Hongos - Max Odell - Agustín Raselli - Juan Manuel Raselli

“Andar por ahí arriba, siempre es una fantasía”

Estuvimos con Max Odell y Agustín Raselli, que junto a Juan Manuel Raselli realizaron una travesía larguísima, de locos, pero muy relajada. Comenzaron relatándonos que “…la idea surgió hace un montón de años, con el primer cerro que fuimos ahora, que es un cerro que aparentemente no tiene nombre, ni ascensiones. Que es hermoso, es como un minitorre”
Un amanecer sobre una repisa de nieve con vista a los hielos continentales.
Un amanecer sobre una repisa de nieve con vista a los hielos continentales.
Entre los días 18 y 25 de enero, con una brecha de buen clima, Max, Agustín y Pipa estaban listos para salir cuando llegó al pueblo la noticia del accidente de Carlyle Norman, la escaladora canadiense de 29 años que se accidentó en la Aguja Saint Exupery. “…la duda fue si armábamos el equipo necesario para el rescate o para escalar, para hacer la travesía…”
Hasta último momento no terminaron de armar el equipo, hasta que salió el equipo de rescate con otros escaladores y ellos partieron para adentrarse en los cerros y alejarse un poco del pueblo, relajarse y vivir una verdadera aventura. Con mochilas de 20kg con todo el equipo necesario, mayormente para escalar sobre hielo, y comida para 5/6 días.
El comienzo de la expedición.
La Cachaña: ¿…y cómo se llama el primer cerro que querían subir?
Max Odell: Y no sé, no sé como se llama… Está atrás del Cerro Grande.
La Cachaña: ¿No tiene nombre?
Max Odell: Lo buscamos en internet pero no lo encontramos.
Agustín Raselli: El que nosotros pensábamos se llama Luca, pero es otro, este está al lado del Cerro Luca.
La Cachaña: ¿Entonces qué recorrieron?
Agustín Raselli: Salimos del pueblo, dormimos en Toro, de Toro fuimos al Luca…
Max Odell: Al…
Agustín Raselli: Bueno, al falso Luca o al que íbamos nosotros…
Max Odell: Al Minitorre, vamos a decirle Minitorre.
Agustín Raselli: Bueno, al Minitorre… Dormimos abajo del último hongo del Minitorre…
El Minitorre, muy parecido al Cerro Torre con el hongo de hielo en su cumbre.
El Minitorre, muy parecido al Cerro Torre con el hongo de hielo en su cumbre.
La Travesía de los Hongos.
Así comenzaron a contarnos la experiencia, casi restándole importancia, sin saber qué parte podía interesarnos conocer y ya habían bautizado un Cerro.
Max Odell: Empezar con ese Cerro surgió hace como 14 años con otro amigo, después intenté con Agustín hace un par de años y nada…
La Cachaña: ¿Qué pasó?
Agustín Raselli: Nada, mal tiempo, llegamos hasta ahí y nos bajamos…
Max Odell: Y después, ya que se subía a ese, era el delirio de seguir, haciendo la travesía y terminar en el Torre. Ir del Minitorre al Torre, que siempre parecía algo super exagerado, pero bueno, como íbamos a encarar, dijimos si, encaramos todo.
La Cachaña: ¿Cuántas cumbres subieron?
Max Odell: Subimos ese, el Doblado, el Ñato, las tres Adelas y el Torre por la cara Oeste. Y si… 7 cumbres en 7 días.
La Cachaña: Pasaron dos noches hasta estar en una repisa debajo del Minitorre, ¿cómo siguió?
Agustín Raselli: A la mañana siguiente hicimos cumbre en el Minitorre.
Max Odell: Bajamos al glaciar por el mismo lugar y cruzamos por abajo del Cerro Grande al Doblado, subimos el Doblado, el Ñato y dormimos ahí, en el col (punto de unión más bajo entre dos montañas) del Ñato y la Adela Sur. Al otro día traveseamos todas las Adelas y bajamos al col de la Esperanza. Que eso fue muy interesante porque no teníamos un dato de nada y esa bajada fue bastante interesante encontrarla, rapeles, sin saber dónde vas y todo eso…
Agustín Raselli: Ese día dormimos en el casco del Torre.
La Cachaña: ¿Qué es el casco?
Agustín Raselli: Es el primer largo duro de la Oeste del Torre.
Max Odell: Ahí llegamos y dormimos debajo de eso. Al otro día, subimos el casco, el resto y llegamos hasta la cumbre y volvimos al mismo lugar a dormir. Al otro día bajamos de ahí, por el circo de los Altares, hasta la laguna de los Skies y después, de la laguna hasta El Chaltén.
Agustín Raselli escalando sobre el hielo vertical.
Agustín Raselli escalando sobre el hielo vertical.
La experiencia del Cerro Minitorre.
Max Odell: La realidad es que el Torre era como el postre y el objetivo principal era ir al Minitorre.
La Cachaña: ¿Qué altura tiene?
Agustín Raselli: 2.650 msnm más o menos…
Max Odell: Según tenemos entendido no tiene nombre ni ascensiones. Es un cerrito que cuando venís de Paso del Viento se ve, es increíble, es re lindo. Se ve del hielo también, y los días nublados  un montón de gente se confunde, piensan que es el Torre. Cuando están todas las montañas tapadas y esa, como es un poco más baja, se ve a veces… Vos vas caminando por ahí y si no estás muy atento, ves una torre así, con el cucurucho de nieve arriba y parece el Torre. Si conocés bien no, te das cuenta que no es. Si estamos atrás del Grande… Andar por ahí arriba, siempre es una fantasía. Terminar en el Torre era el cierre perfecto, pero era bastante ambicioso ese plan.
La Cachaña: ¿hay momentos en los que se siente miedo, o adrenalina?
Agustín Raselli: Siempre hay momentos de miedo y adrenalina, ni hablar.
Max Odell: También, nosotros tres fuimos muy relajados, eso ayudó a que todo salga muy fluido, no había un objetivo que si o si teníamos que subir, que lo íbamos a dar todo y no importaba nada…  Si no que era… Vamos a ir, a ver hasta dónde llegamos, disfrutar de la salida, alejarnos del pueblo un rato y estar en las montañas. Y a así fue. Por eso nos sorprendió mucho la reacción cuando volvimos, que estaban todos tan contentos y después… ¿Viste?… Te cruzás con alguien y te felicita… Y la verdad que nosotros… Fuimos a pasear… Tuvimos suerte que salió todo tan bien.
La vista de la cara oeste del Cerro Torre.
La vista de la cara oeste del Cerro Torre.
El panorama único de la travesía desde la cumbre del Cerro Torre.
El panorama único de la travesía desde la cumbre del Cerro Torre.
Los vecinos chaltenenses definen lo que para ellos fue un paseo entre amigos y una aventura divertida sin grandes atenuantes para el mundo de la escalada, pero para el resto de los mortales que no tenemos conocimientos técnicos ni gran experiencia en las montañas, parece una hazaña sin precedentes, algo que ningún otro ser humano sobre la tierra se había animado o, simplemente, pensado en realizar.
Max, Agustín y Juan Manuel volvieron al pueblo contentos y cansados luego de su paseo por las nubes, con los recuerdos de un montón de momentos que recordarán por la fluidez y alegría con la que se movieron en los cerros, como grupo y como amigos, en una salida para despejarse y olvidarse un poco de las preocupaciones cotidianas de El Chaltén… Y bueno, ya que estaban por ahí, dejaron algunos recuerdos, aunque bien podríamos calificarlos de records, dignos de destacarse en los libros de la historia de nuestras montañas.
Fuente La Cachaña