viernes, 2 de octubre de 2009

Torres del Río Chico - Ushuaia

Teníamos ganas de ir a uno de esos lugares en los que hay poco hecho y muchísimo por hacer. Ya hace un tiempo empezaba a darnos vuelta por la cabeza la idea de poder abrirnos camino por alguna pared poco visitada, y que a su vez fuese de las características de las grandes paredes que habíamos tenido la suerte de visitar en lugares como el Chaltén.

Buscando algún lugar con estas características encontramos una nota sobre unas torres en Ushuaia que cumplían con todas estas pretensiones. Buena roca, paredes bien verticales y casi sin ascensos, las Torres del Río Chico.

Hasta ese momento, la Torre Inferior contaba con una sola vía abierta (“El fin de los vergas fucking flan, 6a, 300m) y quizás ese solo ascenso, realizado por Mariano Rodriguez y Guido Fischer en 2007. Iba a ser también Mariano Rodríguez, pero esta vez junto a Marcelo Romillo, quien se ocupara  poco antes de nuestra llegada a Ushuaia de abrir la 2º vía en la Torre inferior (Yagan, 6a+, 380m), y con esta concretar el segundo ascenso de la misma.

Torre inferior

A esta altura, y con este panorama, a quien mas consultar sino al mismo Mariano, a quien había tenido la suerte de conocer algunos años atrás en una compe de escalada.

Fue él quien nos facilito toda la información para poder llegar hasta la torre y ubicar sus vías, pero nosotros seguíamos con ganas de abrir algo nuevo.

Con esta idea, nos acercamos hasta la torre buscando una nueva línea. Desde la base pudimos ver una línea aparentemente practicable en la cara NE, que comenzaba en un resalte rocoso muy notorio por su color rojizo, para luego conectar con la base de un diedro, que desembocaba en una línea de fisuras que llegaban hasta el filo cumbrero.

Después de hacer algún porteo y esperar unos días el buen clima, empezamos el ascenso.
La cordada la formamos Nacho Gonzales, Martín Steinhaus y yo, Federico Ruffini. El cuarto integrante del grupo era Pablo Gerez, quien lamentablemente no nos pudo acompañar y permaneció en el campamento base.

Comenzamos el ascenso por el resalte rojizo q habíamos visto días atrás, el cual se llevó los 2 primeros largos. Después de esto, llegó el turno de subir el diedro, donde la pared comenzaba a ponerse bien vertical.


Así, entre fisuras, diedros y varias lajas sueltas llegamos a lo que creímos era la mitad de la pared, habiendo superado lo que sería el crux de la vía, un largo de 6b por una placa casi sin protección posible al final de un diedro. Nunca imaginé una secuencia de bidedos en una vía alpina, pero ahí estaban.

El crux - 6b

A esta altura, aunque todavía era temprano, notamos q nos estábamos demorando mas de lo previsto. Esto por culpa de que la pared estaba llena de bloques sueltos, lo q nos impedía que el segundo y tercero de la cordada pudieran subir simultáneamente, ya que era algo peligroso por los frecuentes desprendimientos.

Esto, sumado a los constantes resaltes, hizo que rara vez los largos superen los 40 metros, lo que demandó varias reuniones mas que las previstas, con la consiguiente pérdida de tiempo.

Cerca de las 21hs la oscuridad ya era total, apenas se recortaba la pared en un cielo lleno de nubes que tapaban la luna.
El primer largo de noche era uno de los que mas preocupaban. No por la dificultad técnica, sino por el hecho de alejarse de la seguridad de la reunión sin posibilidad de ver al resto de la cordada, apenas escucharlos, y sólo ver a algunos metros por encima de donde uno esta escalando, sin saber que hay más arriba.

Desde el Campamento Base

Una vez que quedó atrás el primer largo a oscuras, también quedó atrás la incertidumbre y los miedos de cómo sería escalar de noche.
A base de pequeños engaños, el primero de cordada convencía a los otros de que quedaban solo “un par de largos”, ya que desde donde estábamos ninguno de los tres podía ver la cumbre. Ese “par de largos” fueron en verdad 4 ó 5, que desembocaron en una antecima, donde finalizaban las dificultades, y desde la cual se llega a la cumbre con una caminata de unos 35 metros.

El objetivo de hacer nuestro propio camino, abrir nuestra propia vía, se había cumplido. A partir del 11 de marzo de 2009, y bajo una leve nevada, La Torre inferior del Río Chico tenía su tercera vía abierta, y el tercer ascenso, “Prefiero ser flogger” 6b, 380m, tal cual lo habíamos imaginado algunos meses antes desde las paredes del CENARD, en Bs. As, a 3000km de distancia y con muchos grados mas que los -7ºC que marcaba el termómetro allá arriba.

Las 3 vías existentes

Después de esto, decidimos improvisar un vivac algunos metros por debajo de la cumbre, pero las ganas de quedarnos ahí duraron sólo un par de horas, ya que el frío y el viento que empezaba a hacerse mas fuerte nos obligaron a bajar.

Lo que sigue fue el descenso por la cara opuesta a la que habíamos ascendido. Algo torpes por el frío y el cansancio, y luego de 2 rapeles, algún destrepe y una larga caminata, llegamos al pedrero de la base de la torre.

Casi una hora de pedrero y una hora mas por el valle, nos dejaron con las primeras luces del día en nuestro campamento base. Vía abierta, objetivo cumplido, a seguir escalando!

Martín Steinhaus, Nacho González,  Federico Ruffini y Pablo Gerez
La escalada para mi no es simplemente un deporte, sino que significa conocer lugares, conocer gente, hacerse de nuevos amigos y vivencias. Y ésta obviamente no fue la excepción.

Se portó de manera excelente con nosotros el CAU (Club Andino Ushuaia), abriéndonos sus puertas, participándonos de sus reuniones, y hasta celebrando con nosotros un encuentro en el que nos dieron la oportunidad de contarles lo que habíamos estado haciendo por allá, y de esta forma devolverles algo de todo lo que nos habían dado.
Entre ellos, Alberto Balmaceda y su esposa Juanita, quienes nos recibieron en su casa y nos hicieron sentir como si estuviésemos en la nuestra; y obviamente Mariano Rodríguez, que puso a nuestra disposición toda la info que había recopilado en estos años de exploración de este hermoso lugar.

Federico Ruffini





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